CRI Tours Veracruz

La noche del jueves siete de septiembre parecía ser como cualquier otra; recuerdo que estaba acostada, lista para dormir, con mi teléfono en la mano stalkeando el “triángulo amoroso” de Katia, Irma y José en la web del NOAA.

 

Cuando la cama comenzó a sacudirse. Por un momento no presté atención, hasta que mi madre dijo que se trataba de un temblor. Más tardó en decirlo que yo en levantarme y salir de la habitación y de la casa.

 

Me asusté muchísimo  y mientras la tierra se sacudía no pensé en nada ni en nadie, salvo en Dios y en que permitiera que todo pasara rápido.

 

Que el temblor no pasara a mayores y que nos dejara seguir viviendo. Bien dramático el asunto pero, repito, estaba muy asustada.

 

Se deben estar preguntando a cuento de qué les platico esto; bien, sucede que al día siguiente, luego de saber los destrozos que dejó el sismo y los resultados del paso de Katia, pensé en que había estado toda la semana preocupada por los tres huracanes del atlántico y jamás esperé un temblor de las proporciones y repercusiones como el ocurrido el jueves.

 

El golpe llegó por donde menos esperaba, demostrando lo frágil que es la vida, reafirmando que la naturaleza es impredecible y nunca actúa como uno lo espera.

 

Igual que las personas y la vida misma.

 

Como seres humanos, trabajadores e integrados en una sociedad, estamos ocupados todo el tiempo. Tratando de conseguir más; una buena calificación, un buen trabajo, un ascenso, una buena esposa, un buen marido; siempre buscando.

 

Buscamos tanto que no nos damos cuenta que quizá lo que necesitamos ya lo tenemos, y que por estar distraídos en nuestro acelerado ritmo de vida no lo vemos.

 

Sin pararnos a pensar que todos los bienes que nos empeñamos en acumular, descuidando nuestra espiritualidad y familia, podemos perderlos de un momento a otro.

 

No me malinterpreten, no estoy diciendo que tener bienes materiales esté mal, claro que no. Lo que intento decir es que no debemos permitir que el huracán que rige nuestra vida arrase con nuestros principios y valores, haciéndonos perder de vista lo verdaderamente importante.

 

Fue entonces que medité en lo afortunada que soy, en lo afortunados que son todos a mi alrededor por no haber sido afectados gravemente por ninguna de las fuerzas naturales desatadas esa semana.

 

Porque estamos vivos, con nuestras casas intactas y con nuestra familia a salvo. Porque estamos enteros y con posibilidades de ayudar.

 

¿Y tú, también te sientes afortunado?

 

Saludos, y que tengan un muy buen martes!

Leysie Carmona

lcarmona@critours.com 

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